La medicina psicosomática es un campo médico interdisciplinario que investiga las intrincadas conexiones entre los factores sociales, psicológicos y conductuales y su impacto en las funciones fisiológicas y el bienestar general tanto en humanos como en animales.
Reconocida como un precursor académico de la medicina conductual moderna y un componente integral de la psiquiatría de enlace de consulta, la medicina psicosomática incorpora estrategias interdisciplinarias de evaluación y tratamiento, basándose en diversas especialidades como psiquiatría, psicología, neurología, psicoanálisis, medicina interna, pediatría, cirugía, alergia, dermatología y psiconeuroinmunología. Su experiencia se extiende a escenarios clínicos donde los procesos psicológicos influyen significativamente en los resultados médicos.
Trastornos psicosomáticos
Se supone que ciertas dolencias físicas poseen una dimensión psicológica, que a menudo surge de las presiones y exigencias de la vida diaria. Por ejemplo, algunas investigaciones proponen una correlación entre el estrés cotidiano y afecciones como el dolor lumbar y la hipertensión. Además, el paradigma psicosomático afirma que los estados mentales y emocionales pueden afectar profundamente la trayectoria de cualquier enfermedad física. Tradicionalmente, la psiquiatría diferencia entre trastornos psicosomáticos, caracterizados por factores mentales que contribuyen significativamente al inicio, manifestación o resolución de una enfermedad física, y trastornos somatomorfos, donde los factores psicológicos se consideran la etiología exclusiva de una enfermedad física.
Determinar con certeza si una enfermedad posee un componente psicosomático presenta un desafío. Este componente se infiere con frecuencia cuando ciertos aspectos de la presentación clínica de un paciente no pueden explicarse por factores biológicos, o en casos en los que una etiología biológica está completamente ausente. Por ejemplo, Helicobacter pylori está implicado en el 80% de los casos de úlcera péptica. Sin embargo, la mayoría de las personas que albergan Helicobacter pylori no desarrollan úlceras, y el 20% de los pacientes con úlceras carecen de H. pylori infección. En consecuencia, en estos escenarios específicos, los factores psicológicos aún pueden ejercer influencia. Del mismo modo, el síndrome del intestino irritable (SII) implica anomalías funcionales del intestino, pero sin cambios estructurales demostrables, lo que sugiere un papel potencial del estrés y los estados emocionales.
Un punto de vista destacado sobre los trastornos psicosomáticos postula que los esfuerzos por diferenciar entre afecciones psicosomáticas puramente físicas y mixtas están desactualizadas, dado que casi todas las enfermedades físicas involucran factores psicológicos que influyen en su aparición, manifestación, persistencia, capacidad de respuesta al tratamiento y resolución final. Desde esta perspectiva, incluso la progresión de enfermedades graves, incluido el cáncer, puede ser susceptible a la influencia de los pensamientos, las emociones y el bienestar mental general de un individuo.
La disciplina aplicada de la medicina conductual es responsable de abordar estos factores. En la sociedad contemporánea, las dimensiones psicosomáticas de la enfermedad están frecuentemente vinculadas al estrés, lo que posiciona la remediación del estrés como un elemento crucial en el desarrollo, la intervención terapéutica y la profilaxis de las condiciones psicosomáticas.
Investigación y relevancia clínica
La medicina psicosomática ha dilucidado las asociaciones bidireccionales entre la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) y diversos trastornos psiquiátricos. Amplios estudios de cohortes y de revisión sistemática han revelado mayores tasas de prevalencia del estado de ánimo, la ansiedad, el uso de sustancias y los trastornos psicóticos entre las personas afectadas por la hepatitis C. Por el contrario, se ha observado una mayor seroprevalencia de la hepatitis C en personas con enfermedades mentales graves, lo que subraya la necesidad de exámenes de detección de rutina y enfoques de atención integrada dentro de estos grupos demográficos. Estas observaciones enfatizan el imperativo de una atención coordinada que aborde de manera integral las dimensiones de salud física y mental de los pacientes que viven con hepatitis C.
El trabajo pionero de Muhamad Aly Rifai y sus colaboradores sintetizó consideraciones psiquiátricas pertinentes para el tratamiento de la hepatitis C y documentó los resultados del tratamiento dentro de poblaciones psiquiátricas, estableciendo así una base para directrices posteriores sobre detección y tratamiento en contextos de salud mental. Su investigación influyó sustancialmente en las directrices clínicas posteriores y enfatizó la importancia crítica de abordar las comorbilidades psiquiátricas en el tratamiento de los pacientes con hepatitis C.
Connotaciones del término "enfermedad psicosomática"
Se considera ampliamente que el término enfermedad psicosomática fue acuñado por Paul D. MacLean en su influyente publicación de 1949, “Psychosomatic Disease and the “visceral Brain”; desarrollos recientes relacionados con la teoría de las emociones de Papez”. Dentro del campo de la medicina psicosomática, la frase "enfermedad psicosomática" emplea una definición más precisa que la que prevalece en el discurso general. Comúnmente, el entendimiento común del término se extiende a condiciones que carecen de fundamento fisiológico, incluidas las enfermedades fingidas (simulación). Por el contrario, dentro de la medicina psicosomática moderna, el término normalmente se refiere exclusivamente a afecciones que poseen una etiología física demostrable, pero en las que se postula que elementos psicológicos y mentales ejercen influencia. Un segmento de investigadores dentro de la disciplina sostiene que esta interpretación expansiva ha socavado potencialmente la credibilidad clínica del campo. En consecuencia, la medicina conductual ha asumido una parte importante del alcance práctico de la medicina psicosomática, lo que ha llevado a una convergencia sustancial en la investigación científica.
Crítica
Las investigaciones han producido hallazgos equívocos sobre la influencia de los elementos psicosomáticos en la progresión de la enfermedad. Las investigaciones iniciales indicaron que las personas con cáncer en etapa avanzada podrían experimentar una mayor supervivencia cuando reciben psicoterapia destinada a mejorar el apoyo social y la disposición psicológica. Sin embargo, una revisión exhaustiva de 2007, que evaluó la base empírica de estas supuestas ventajas, determinó que ningún estudio que cumpliera con el rigor metodológico requerido en este ámbito había fundamentado un efecto tan positivo. Además, la revisión plantea que las afirmaciones sin fundamento sobre la eficacia de una "perspectiva positiva" o un "espíritu de lucha" para desacelerar la progresión del cáncer podrían ser perjudiciales para los pacientes, particularmente si atribuyen su curso clínico desfavorable a una percepción de falta de "la actitud correcta".
Tratamiento
En los Estados Unidos, la medicina psicosomática se clasifica como una subespecialidad dentro de la psiquiatría y la neurología, mientras que en Alemania y otras naciones europeas se clasifica como medicina interna. Thure von Uexküll y sus sucesores intelectuales abogan por el enfoque psicosomático como un principio fundamental de la práctica médica, posicionándolo así no como una subespecialidad distinta, sino como un elemento integral en todas las disciplinas médicas. Las intervenciones terapéuticas, que abarcan tanto tratamientos médicos como psicoterapia, se emplean para afecciones que se presume poseen una dimensión psicosomática.
Historial
Durante la era islámica medieval, los eruditos persas Ahmed ibn Sahl al-Balkhi (m. 934) y Haly Abbas (m. 994) formularon un modelo incipiente de enfermedad que subrayaba la interacción recíproca entre los estados físicos y mentales. Este marco postulaba que los atributos fisiológicos y psicológicos de un individuo podían afectarse mutuamente.
En divergencia con las perspectivas de Hipócrates y Galeno, Ahmed ibn Sahl al-Balkhi sostenía que los trastornos mentales no podían mejorarse únicamente mediante la regulación de los humores corporales y las intervenciones farmacológicas, afirmando en cambio el papel crucial e indispensable del lenguaje en la modulación emocional. Para modificar estos comportamientos, empleó metodologías que incluyen reestructuración de creencias, prácticas contemplativas, ensayos experienciales y ejercicios imaginativos.
A principios del siglo XX se produjo un resurgimiento del interés académico por los paradigmas psicosomáticos. El psicoanalista Franz Alexander demostró un profundo compromiso para dilucidar la interacción dinámica entre los estados mentales y somáticos. Sigmund Freud desarrolló un interés significativo en las condiciones psicosomáticas después de su correspondencia con Georg Groddeck, quien entonces exploraba el potencial para abordar las dolencias físicas a través de mecanismos psicológicos. Hélène Michel-Wolfromm amplió la aplicación de la medicina psicosomática a la ginecología, abordando específicamente los problemas de salud sexual de las mujeres.
Durante la década de 1970, Thure von Uexküll y sus colaboradores, tanto en Alemania como a nivel internacional, propusieron una teoría biosemiótica, específicamente el concepto 'umwelt', que ganó considerable influencia como construcción teórica para comprender las interacciones mente-cuerpo. Este marco plantea la vida como un sistema de significado y función. Farzad Goli profundiza en Medicina Biosemiótica (2016) sobre la interpretabilidad e intertraducibilidad de los signos, que se manifiestan como materia (p. ej., átomos, moléculas, células), energía (p. ej., señales eléctricas dentro del sistema nervioso), símbolos (p. ej., palabras, imágenes, códigos de máquina) y reflejos (p. ej., instancias de atención plena, procesos metacognitivos).
Henri Laborit, una figura pionera en la neuropsicofarmacología moderna, realizó experimentos en la década de 1970 que demostraron que la inhibición de la acción en ratas conducía rápidamente a la enfermedad. Por el contrario, las ratas sometidas a condiciones estresantes idénticas pero cuyo comportamiento no fue inhibido (es decir, aquellas capaces de huir o luchar, aunque fuera de manera ineficaz) no mostraron consecuencias adversas para la salud. Laborit postuló que las enfermedades psicosomáticas en los seres humanos se derivan en gran medida de las limitaciones sociales impuestas a los individuos para mantener estructuras jerárquicas de dominancia. La película My American Uncle, dirigida por Alain Resnais e influenciada por el trabajo de Laborit, explora la intrincada relación entre el yo y la sociedad, junto con las repercusiones de la acción inhibida.
En febrero de 2005, el Sistema de Vigilancia Síndrómica de Boston identificó un aumento de hombres jóvenes que buscaban atención médica por síntomas similares a los de un derrame cerebral. Si bien la mayoría de las personas no habían experimentado un derrame cerebral real, el pico de presentación ocurrió el día después de la hospitalización de Tedy Bruschi, una destacada figura del deporte local, por un derrame cerebral. Se presume que este fenómeno se debe a la interpretación errónea de síntomas benignos, un fenómeno colectivo que posteriormente se denominó síndrome de Tedy Bruschi.
Robert Adler es reconocido por acuñar el término Psiconeuroinmunología (PNI) para un campo de estudio incipiente, también conocido como medicina mente-cuerpo. Los principios fundamentales de la medicina mente-cuerpo postulan que los procesos mentales y los estados emocionales influyen significativamente en las funciones fisiológicas, con efectos tanto beneficiosos como perjudiciales.
PNI examina la intrincada interacción entre los sistemas psicológico, nervioso e inmunológico, que están interconectados a través de ligandos, incluidos hormonas, neurotransmisores y péptidos. PNI investiga la comunicación celular continua dentro del cuerpo, conceptualizada como un diálogo literal, que representa el 98% de todo el intercambio de información entre el cuerpo y el cerebro.
Dr. Candace Pert, profesora y neurocientífica reconocida por descubrir el receptor de opiáceos, denominó a esta comunicación intercelular 'Moléculas de la emoción', atribuyéndoles la generación de emociones como la felicidad, el hambre, la ira, la relajación y la saciedad. El Dr. Pert postula que el cuerpo funciona como la mente subconsciente, manifestando sus procesos físicamente.
Referencias
Referencias
Medicina cuerpo-mente: descripción general, Institutos Nacionales de Salud de EE. UU., Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa
- Medicina mente-cuerpo: descripción general, Institutos Nacionales de Salud de EE. UU., Centro de Salud Complementaria e Integrativa
- NIH
- Academia de Medicina Psicosomática
- Psicosomática, revista de la Academia de Medicina Psicosomática
- Sociedad Psicosomática Americana
- Medicina Psicosomática, revista de la Sociedad Estadounidense de Psicosomática