TORIma Academia Logo TORIma Academia
Aislamiento social (Social isolation)
Salud

Aislamiento social (Social isolation)

TORIma Academia — Psicología Social

Social isolation

Aislamiento social (Social isolation)

El aislamiento social es un estado de falta total o casi completa de contacto entre un individuo y la sociedad. Se diferencia de la soledad, que refleja…

Aislamiento social se refiere a una condición marcada por una ausencia total o casi completa de interacción entre un individuo y la sociedad. Se diferencia de la soledad, que representa una falta temporal e involuntaria de contacto humano. Esta afección puede manifestarse en personas de cualquier edad, aunque sus síntomas pueden variar según los diferentes grupos de edad.

El aislamiento social exhibe características comunes, ya sea que se experimenten temporalmente o como parte de un patrón crónico de por vida. Estas manifestaciones suelen incluir el confinamiento prolongado en la propia residencia, la falta de comunicación con familiares, conocidos o amigos y/o la evitación deliberada del contacto humano incluso cuando existen oportunidades de interacción.

Efectos

El aislamiento social sostenido, que persiste durante años y décadas, puede convertirse en una condición crónica que afecta profundamente todos los aspectos del bienestar de un individuo. Este estado frecuentemente conduce a sentimientos de soledad, agorafobia (miedo a los demás) o disminución de la autoestima. Una falta constante de contacto humano también puede contribuir a la fricción interpersonal con amigos periféricos y, ocasionalmente, crear dificultades con los miembros de la familia.

En casos de aislamiento relacionado con el estado de ánimo, las personas pueden retirarse durante los episodios depresivos y posteriormente volver a involucrarse a medida que mejora su estado de ánimo. Podrían intentar racionalizar sus comportamientos solitarios o aislantes como agradables o cómodos. Sin embargo, puede surgir una comprensión interna sobre la naturaleza desadaptativa de estas respuestas de aislamiento, lo que podría conducir a una mayor ansiedad. Las relaciones a menudo presentan desafíos, ya que los individuos pueden volver a conectarse con otros durante períodos de mejor estado de ánimo solo para volver a un estado de aislamiento durante estados de ánimo bajos o deprimidos posteriores.

Aislamiento social percibido en humanos

La investigación empírica indica que el aislamiento social percibido (PSI) sirve como un factor de riesgo y un posible contribuyente a "un rendimiento cognitivo general más deficiente y un funcionamiento ejecutivo más deficiente, un deterioro cognitivo más rápido, una cognición más negativa y depresiva, una mayor sensibilidad a las amenazas sociales y un sesgo confirmatorio de autoprotección en la cognición social". La PSI también está implicada en la aceleración del proceso de envejecimiento: Wilson et al. (2007) informaron que, incluso después de controlar el tamaño de la red social y la frecuencia de la actividad social, el aislamiento social percibido predice el deterioro cognitivo y un riesgo elevado de enfermedad de Alzheimer. Además, las interacciones sociales de las personas que experimentan un aislamiento social percibido suelen ser más negativas y menos satisfactorias subjetivamente, lo que potencialmente perpetúa un círculo vicioso de creciente aislamiento.

Estudios de neuroimagen

El estudio inaugural de conectividad funcional (FC) de resonancia magnética funcional (FC) en estado de reposo sobre PSI demostró una asociación entre PSI y un aumento de FC en estado de reposo entre varios nodos de la red cingulo-opercular, un sistema neuronal vinculado al estado de alerta tónico. El PSI también se correlacionó con una reducción del FC en estado de reposo entre la red cingulo-opercular y la circunvolución frontal superior derecha, lo que sugiere una disminución del control ejecutivo. Cacioppo y colegas (2009) observaron que los individuos solitarios exhibían una activación atenuada del cuerpo estriado ventral en respuesta a imágenes agradables de personas en comparación con objetos, lo que indica una respuesta de recompensa reducida a los estímulos sociales. Por el contrario, los individuos solitarios mostraron una mayor activación de la corteza visual cuando se les presentaron representaciones desagradables de personas (por ejemplo, expresiones faciales negativas) en relación con los objetos. Los individuos no solitarios, sin embargo, mostraron una mayor activación en la unión temporoparietal derecha e izquierda (TPJ), una región implicada en la teoría de la mente. Los autores interpretaron estos hallazgos como evidencia de que las personas solitarias priorizan la atención a estímulos sociales negativos, mientras que las personas no solitarias demuestran una mayor capacidad para tomar perspectiva. Además, Kanai et al. (2012) informaron una correlación negativa entre la soledad y la densidad de materia gris en el surco temporal posterior izquierdo, un área crucial para la percepción del movimiento biológico, la mentalización y la percepción social.

Las investigaciones de neuroimagen en humanos sobre el aislamiento social percibido han resaltado la participación de la corteza visual y los circuitos relacionados con el estrés del hemisferio derecho, que diferencian a los individuos solitarios de los no solitarios. Un estudio de genética poblacional de 2020 observó un aumento de cincuenta veces en la investigación de neuroimagen centrada en el aislamiento social percibido. Los investigadores de este estudio examinaron indicadores de soledad en la morfología de la materia gris, el acoplamiento funcional intrínseco y la microestructura del tracto de fibras. Los perfiles neurobiológicos asociados con la soledad apuntaban consistentemente a la red de modo predeterminado, una colección de regiones cerebrales interconectadas. Esta red asociativa avanzada exhibe asociaciones más sólidas con la soledad en términos de volumen de materia gris en comparación con otras redes cerebrales corticales. Las personas que experimentan soledad demuestran una conectividad funcional mejorada dentro de la red predeterminada y una integridad microestructural superior de su vía fórnix. Estas observaciones sugieren que la mayor actividad de estos circuitos neuronales puede facilitar la mentalización, la reminiscencia y la imaginación como mecanismos para afrontar los déficits sociales.

Aislamiento social en roedores

Las manipulaciones experimentales del aislamiento social en roedores, como la cría aislada de ratas y ratones, sirven como metodología predominante para investigar los efectos más amplios del aislamiento en las especies animales sociales. Los investigadores han propuesto la cría aislada de ratas como un modelo etiológicamente sólido para el estudio de las enfermedades mentales humanas. Específicamente, se ha observado que el aislamiento social crónico en ratas induce comportamientos similares a la depresión, la ansiedad y la psicosis, junto con indicadores de desregulación autonómica, neuroendocrina y metabólica. Por ejemplo, una revisión sistemática reveló una correlación entre el aislamiento social en ratas y la expresión elevada de BDNF en el hipocampo, que está relacionada con un aumento de síntomas similares a los de la ansiedad. Además, otro estudio identificó que el aislamiento social en ratas se corresponde con una mayor expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) dentro de la corteza prefrontal. Esta regulación positiva contribuye a la desregulación de la actividad neuronal, que está implicada en la ansiedad, la depresión y la disfunción social.

Las consecuencias del aislamiento inducido experimentalmente en especies sociales no humanas han demostrado paralelos con los efectos del aislamiento percibido en los humanos. Estos incluyen tono simpático tónico elevado, aumento de la activación del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal (HPA) y reducciones en el control inflamatorio, la función inmune, la calidad del sueño y la expresión de genes que gobiernan las respuestas a los glucocorticoides. Sin embargo, los mecanismos biológicos, neurológicos y genéticos precisos que sustentan estos síntomas observados siguen en gran medida sin definir.

Neurobiología

El aislamiento social ha sido implicado en el desarrollo atípico del hipocampo, específicamente a través de modificaciones en la estabilidad de los microtúbulos y una expresión reducida de MAP-2. Además, conduce a una expresión disminuida de la proteína sináptica sinaptofisina, junto con una reducción tanto de la longitud dendrítica como de la densidad de la columna dendrítica en las células piramidales. El mecanismo molecular fundamental que impulsa estos cambios neuronales estructurales es la estabilización de los microtúbulos, lo que en consecuencia impide los procesos esenciales de remodelación y extensión de axones y dendritas.

Las investigaciones de Cole y sus colegas revelaron que el aislamiento social percibido se correlaciona con patrones específicos de expresión génica: en particular, la regulación negativa de genes que contienen elementos de respuesta a glucocorticoides antiinflamatorios y la regulación positiva de genes que poseen elementos de respuesta para factores de transcripción proinflamatorios NF-κB/Rel. Esta observación se ve corroborada por una sensibilidad reducida de los linfocitos a la regulación fisiológica por el eje HPA entre personas que experimentan soledad. Esta evidencia, combinada con indicaciones de una mayor actividad del eje HPA, implica el desarrollo potencial de resistencia a los glucocorticoides en personas crónicamente solitarias.

El aislamiento social puede servir como un factor precipitante importante para el comportamiento suicida. Una extensa literatura indica que las personas que experimentan aislamiento son más susceptibles al suicidio en comparación con aquellas con conexiones sociales sólidas. Un estudio identificó el aislamiento social como un factor de riesgo importante entre los hombres australianos que intentaron suicidarse. El profesor Ian Hickie de la Universidad de Sydney postuló que el aislamiento social podría ser el factor más crítico que contribuye a los intentos de suicidio masculino, citando evidencia sustancial de que los hombres típicamente poseen redes sociales más restringidas, a menudo centradas en el trabajo, que las mujeres.

Los déficits en las relaciones sociales afectan negativamente al desarrollo estructural del cerebro. La investigación en ratones y monos jóvenes demuestra que el aislamiento social extremo afecta profundamente la función cerebral debido a la ausencia de interacción y conexiones sociales.

En varias especies de animales sociales,

Cacioppo y sus colegas plantearon la hipótesis de que aislar a un individuo de una especie social conduce a consecuencias biológicas nocivas. Una revisión de 2009 realizada por Cacioppo y Hawkley indicó además que el bienestar, la longevidad y el éxito reproductivo de los miembros de especies sociales se ponen en peligro cuando experimentan marginación social. La evidencia empírica respalda esto y muestra que el aislamiento social reduce la esperanza de vida de las moscas de la fruta; contribuye a la obesidad y la diabetes tipo 2 en ratones; intensifica el tamaño del infarto y el edema al tiempo que disminuye las tasas de supervivencia después de un accidente cerebrovascular inducido en ratones; estimula la respuesta simpato-adrenomedular a la inmovilización aguda o al estrés por frío en ratas; impide los beneficios del ejercicio sobre la neurogénesis adulta en ratas; reduce la actividad en campo abierto, eleva los niveles basales de cortisol y suprime la proliferación de linfocitos a mitógenos en cerdos; aumenta los niveles de catecolaminas en orina de 24 horas y los indicadores de estrés oxidativo en el arco aórtico de conejos; y disminuye la expresión de genes que gobiernan la respuesta a los glucocorticoides en la corteza frontal.

Además, se ha demostrado que el aislamiento social induce estrés en los estorninos pintos, una especie de ave muy sociable y que se congrega en bandadas.

Descripción general contextual

El aislamiento social funciona como un factor etiológico potencial y como una manifestación de dificultades emocionales o psicológicas. Cuando actúa como causa, la percepción subjetiva de una incapacidad para interactuar con el entorno y otros individuos puede iniciar una trayectoria creciente de estos desafíos. Por el contrario, como síntoma, los períodos de aislamiento pueden presentarse como crónicos o episódicos, y a menudo se correlacionan con fluctuaciones cíclicas del estado de ánimo, particularmente en casos de depresión clínica.

Las manifestaciones de profundo aislamiento social en la vida diaria pueden incluir:

Factores etiológicos

Varios factores de riesgo contribuyen a la propensión de las personas a retirarse de la participación social:

El aislamiento social puede manifestarse durante las primeras etapas del desarrollo. Durante este período, las personas pueden quedar absortas en sentimientos y pensamientos personales que resultan difíciles de articular o compartir con los demás. Este fenómeno puede deberse a experiencias de vergüenza, culpa o alienación en la infancia. El aislamiento social también puede ocurrir simultáneamente con discapacidades del desarrollo. Las personas con problemas de aprendizaje a menudo encuentran desafíos en su participación social. Las luchas académicas pueden disminuir significativamente la autoestima y el sentido de valía de un individuo; por ejemplo, la retención académica, como la repetición de un año escolar, puede contribuir a este impacto. Durante los años de desarrollo de la primera infancia, el imperativo de integración y aceptación social es profundo. En consecuencia, un déficit de aprendizaje puede fomentar sentimientos de aislamiento, lo que lleva a los individuos a percibirse a sí mismos como distintos de sus pares.

La medida en que las tecnologías emergentes, como Internet y los teléfonos móviles, intensifican el aislamiento social (independientemente de sus causas subyacentes) es un tema de debate académico continuo entre los sociólogos. Las investigaciones indican una correlación positiva entre el uso de las redes sociales y mejores conexiones sociales, junto con hallazgos que vinculan el uso problemático con los trastornos del estado de ánimo.

Aislamiento social en adultos mayores

Se estima que el aislamiento social afecta al 24% de los adultos mayores en los Estados Unidos, lo que representa aproximadamente 9 millones de personas. Los adultos mayores frecuentemente se encuentran con una constelación distinta de factores aislantes que a menudo se refuerzan a sí mismos y potencialmente conducen a un profundo retraimiento social. Factores como la creciente fragilidad, el deterioro de la salud general, la ausencia o desconexión de familiares o hijos y las dificultades económicas pueden exacerbar colectivamente los sentimientos de aislamiento. Entre las personas mayores, la falta de hijos representa un factor importante que contribuye al aislamiento social. La ausencia de hijos, ya sea por duelo o por falta de hijos durante toda la vida, puede generar una profunda soledad, fomentando así el aislamiento social. Además, la jubilación, que implica el cese repentino de interacciones profesionales rutinarias, y la pérdida de amigos cercanos o cónyuges son factores adicionales que pueden precipitar el aislamiento social.

En los Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, una proporción sustancial de adultos mayores de entre 80 y 90 años están institucionalizados en hogares de ancianos al presentar indicadores severos de aislamiento social. Por el contrario, numerosas sociedades, incluidas las del sur de Europa, Europa del este, Asia oriental, el Caribe y América del Sur, generalmente no favorecen los ingresos en hogares de ancianos, sino que priorizan el cuidado de los padres ancianos por parte de sus hijos y familiares hasta el final de la vida. Un informe de 2016 de Estadísticas de Noruega indicó que más del 30% de las personas de 66 años o más poseen una red de apoyo compuesta por dos o menos personas para dificultades personales. A pesar de esto, casi la mitad de todos los residentes de comunidades de personas mayores enfrentan un alto riesgo de aislamiento social, un fenómeno particularmente pronunciado entre los adultos mayores con menor nivel educativo y nivel socioeconómico, exacerbado aún más por el acceso limitado a oportunidades de participación social. Además, se ha observado una disminución en la marcha física en estas poblaciones.

El aislamiento social entre los adultos mayores se ha asociado con una elevada morbilidad por enfermedades, un mayor riesgo de demencia, una movilidad física reducida y un aumento de los problemas de salud en general. Además, un mayor deterioro cognitivo se ha correlacionado con un mayor aislamiento social entre las mujeres mayores deprimidas. Por el contrario, una mayor conexión social se ha asociado con mejores resultados de salud en los adultos mayores.

La comunicación por video, incluidas las videollamadas, se ha propuesto como una posible intervención para mitigar el aislamiento social entre los adultos mayores. Sin embargo, su eficacia aún no se ha establecido definitivamente.

Aislamiento social, resultados de salud y mortalidad

Entre los adultos mayores, el aislamiento social y la soledad se correlacionan con riesgos elevados de resultados adversos para la salud física y mental, junto con una mayor mortalidad. Las personas que experimentan aislamiento social enfrentan un mayor riesgo de mortalidad prematura en comparación con sus contrapartes socialmente integradas. Las investigaciones indican que el aislamiento social está relacionado con una incidencia elevada de diversas afecciones de salud física, como hipertensión, hipercolesterolemia, niveles elevados de la hormona del estrés y función inmune comprometida. Además, los estudios proponen una etiología compartida entre el aislamiento social y la mortalidad en los ancianos, específicamente la inflamación crónica, aunque se han observado variaciones específicas por sexo. El aislamiento social también se ha visto implicado en resultados perjudiciales para la salud mental, incluida una mayor propensión a la depresión, el deterioro cognitivo, los trastornos de ansiedad y el consumo de sustancias. Además, el aislamiento social entre las personas mayores se asocia con un riesgo elevado de desarrollar demencia. Sin embargo, no todas las investigaciones han identificado consistentemente una correlación entre el aislamiento social y los resultados adversos para la salud.

Aislamiento social en la infancia y la adolescencia

La adolescencia, particularmente durante los años de la escuela secundaria, representa un período de desarrollo caracterizado por una mayor sensibilidad a los desafíos sociales y una autoestima potencialmente vulnerable. En consecuencia, fomentar un sentido de pertenencia dentro del entorno escolar es primordial durante esta etapa de desarrollo susceptible. La evidencia empírica sugiere que el cultivo de un sentido de pertenencia durante la adolescencia es un determinante crucial del bienestar socioemocional y del rendimiento académico. Las investigaciones han revelado que la soledad derivada de las relaciones con los pares es un predictor más significativo de sintomatología depresiva en adolescentes que la soledad asociada con las relaciones con los padres. Esta observación puede atribuirse al hecho de que los compañeros a menudo sirven como la principal fuente de apoyo social durante el período de la adolescencia.

Durante un período prolongado, los investigadores han reconocido que la soledad en la edad adulta puede predisponer a las personas a sufrir síntomas depresivos en el futuro. De manera similar, se ha observado que los niños solitarios presentan una mayor susceptibilidad a los síntomas depresivos durante su juventud. Un estudio concreto concluyó que mitigar la soledad durante la infancia podría servir como factor protector contra la aparición de la depresión en la edad adulta. Los niños que experimentan aislamiento social son propensos a alcanzar un nivel educativo más bajo, ocupar estratos socioeconómicos menos favorecidos en la edad adulta y exhibir una mayor propensión a sufrir angustia psicológica. Por el contrario, los estudios demuestran que el acceso a la asistencia social permite a los niños gestionar niveles elevados de estrés de forma más eficaz. Además, hay pruebas sólidas que indican una fuerte correlación entre el apoyo social y una mayor sensación de dominio, una mayor capacidad para afrontar circunstancias estresantes y una calidad de vida elevada.

Consideraciones demográficas

Las investigaciones empíricas han indicado que los hombres, durante la niñez y la edad adulta, exhiben una mayor propensión a experimentar aislamiento social.

Referencias

Referencias

Çavkanî: Arşîva TORÎma Akademî

Sobre este artículo

¿Qué es Aislamiento social?

Breve guía sobre Aislamiento social, sus características principales, usos y temas relacionados.

Etiquetas de tema

Qué es Aislamiento social Explicación de Aislamiento social Conceptos básicos de Aislamiento social Artículos de Salud Salud en kurdo Temas relacionados

Búsquedas comunes sobre este tema

  • ¿Qué es Aislamiento social?
  • ¿Para qué sirve Aislamiento social?
  • ¿Por qué es importante Aislamiento social?
  • ¿Qué temas se relacionan con Aislamiento social?

Archivo de categoría

Archivo Neverok de Salud: Tu Guía Completa en Torima Akademi

Explora el vasto archivo Neverok de Torima Akademi, una colección exhaustiva de artículos dedicados a la salud y el bienestar. Desde la anatomía y fisiología del cuerpo humano, como la acción capilar, el alvéolo

Inicio Volver a Salud