La fenomenología, una disciplina filosófica predominantemente vinculada a principios del siglo XX, se esfuerza por examinar objetivamente la esencia de la experiencia subjetiva y consciente y el proceso de divulgación del mundo. Su objetivo es delinear las características universales de la conciencia, absteniéndose de presuposiciones sobre el mundo externo, apuntando así a describir los fenómenos tal como se manifiestan e investigar el significado y la importancia de la experiencia vivida.
Fenomenología es un estudio y movimiento filosófico asociado en gran medida con principios del siglo XX que busca investigar objetivamente la naturaleza de la experiencia subjetiva y consciente y la divulgación del mundo. Intenta describir las características universales de la conciencia evitando suposiciones sobre el mundo externo, con el objetivo de describir los fenómenos tal como aparecen y explorar el significado y la importancia de la experiencia vivida.
Aunque es fundamentalmente filosófica, esta metodología se ha aplicado ampliamente en la investigación cualitativa en varios dominios científicos. Su utilidad es particularmente evidente en las ciencias sociales, las humanidades, la psicología y las ciencias cognitivas, extendiéndose también a diversas áreas como las ciencias de la salud, la arquitectura y la interacción persona-computadora. Dentro de estos contextos, la aplicación de la fenomenología busca cultivar una comprensión profunda de la experiencia subjetiva, alejándose de un enfoque exclusivo en el comportamiento observable.
La fenomenología se distingue del fenomenalismo, que postula estados mentales y entidades físicas como meros agregados de sensaciones, y del psicologismo, que interpreta verdades lógicas o principios epistemológicos como derivados de la psicología humana. Específicamente, la fenomenología trascendental, conceptualizada por Edmund Husserl, se esfuerza por lograr una aprehensión objetiva del mundo a través de la identificación de estructuras lógicas universales inherentes a la experiencia subjetiva humana.
Existen variaciones significativas en cómo las distintas ramas fenomenológicas abordan la subjetividad. Por ejemplo, Martin Heidegger postuló que las verdades son inherentemente contextuales y dependen de los entornos históricos, culturales y sociales de los que surgen. Clasificaciones adicionales abarcan la fenomenología hermenéutica, genética y encarnada. Estas diversas orientaciones fenomenológicas, si bien comparten el principio de investigación fundamental de examinar los fenómenos precisamente tal como se manifiestan, independientemente de construcciones teóricas específicas, pueden entenderse como representantes de distintas perspectivas filosóficas.
Etimología
La denominación fenomenología se origina de los términos griegos φαινόμενον, phainómenon, que significa 'lo que aparece', y λόγος, lógos, que denota 'estudio'. Su integración en el léxico inglés se produjo aproximadamente a principios del siglo XVIII, y su asociación directa inicial con el marco filosófico de Husserl apareció en una publicación de 1907 dentro de The Philosophical Review.
Dentro del discurso filosófico, "fenomenología" normalmente denota la tradición intelectual establecida por Edmund Husserl a principios del siglo XX. Sin embargo, el término había sido empleado con diversas interpretaciones en otros escritos filosóficos desde el siglo XVIII, en particular por figuras como Johann Heinrich Lambert (1728-1777), Immanuel Kant (1724-1804), G. W. F. Hegel (1770-1831) y Carl Stumpf (1848-1936).
Sin embargo, la conceptualización avanzada por Franz Brentano –y, como reconoció posteriormente el propio Brentano, Ernst Mach– resultaron fundamentales para Husserl. Husserl adoptó de Brentano la convicción fundamental de que la filosofía debería dedicarse a la descripción de aquello que está "dado en 'autoevidencia' directa".
Una piedra angular del esfuerzo fenomenológico de Brentano fue su teoría de la intencionalidad, formulada a través de su compromiso con Sobre el alma de Aristóteles. Dentro de la tradición fenomenológica, la intencionalidad se considera la estructura central de una experiencia, lo que significa su inherente dirección hacia algo, manifestándose como una experiencia de o sobre un objeto en particular. Además, esta teoría postula que todo acto intencional va implícitamente acompañado de una conciencia secundaria y prerreflexiva del acto como perteneciente a uno mismo.
Descripción general
La fenomenología emplea una metodología sistemática, pero se abstiene de investigar la conciencia a través del lente de la psicología clínica o la neurología. Más bien, su objetivo es determinar las propiedades fundamentales y las configuraciones estructurales de la experiencia. La fenomenología no es sinónimo de introspección individual; Es crucial diferenciar una explicación subjetiva de la experiencia, que cae dentro del ámbito de la psicología, de una explicación de la experiencia subjetiva, que constituye el tema de la fenomenología. Su atención no se centra en los "estados mentales" sino en los "fenómenos mundanos aprehendidos de una manera específica".
La fenomenología surgió como una respuesta directa al psicologismo y fisicalismo predominantes característicos de la era de Husserl. Comienza su investigación abordando la cuestión fundamental de cómo se puede alcanzar la objetividad, dado que la experiencia del mundo y sus objetos constituyentes es inherentemente subjetiva.
Los fenomenólogos sostienen que la búsqueda científica de una perspectiva puramente objetiva en tercera persona es un ideal ilusorio y erróneo, más que una forma de subjetivismo. Afirman que la perspectiva del científico y los supuestos subyacentes deben definirse e integrarse explícitamente tanto en el diseño experimental como en la interpretación de los resultados. Al lograr esto, la fenomenología puede potencialmente mejorar el rigor de las investigaciones científicas empíricas.
A pesar de la diversidad inherente dentro del campo, Shaun Gallagher y Dan Zahavi proponen que el método fenomenológico comprende cuatro etapas fundamentales: la epoché, la reducción fenomenológica, la variación eidética y la corroboración intersubjetiva.
- Husserl definió la epoché como un procedimiento metodológico en el que el fenomenólogo pretende suspender tanto el sentido común como las presuposiciones teóricas relativas a la realidad (un estado que denominó actitud natural) para centrarse exclusivamente en los fenómenos presentados directamente en la experiencia. Este proceso no implica escepticismo respecto de la existencia de la realidad; más bien, su objetivo es lograr una aprehensión más precisa de la realidad tal como es inherentemente. La premisa fundamental es que los objetos son "experimentados y revelados tal como son, gracias a la forma en que está estructurada la conciencia".
- La reducción fenomenológica está íntimamente conectada con la epoché. Su objetivo es examinar las interrelaciones entre el hecho experiencial y las estructuras subjetivas particulares que forman y facilitan este hecho. Este proceso efectivamente "conduce de regreso" (latín: re-ducere) al mundo. La
- variación eidética constituye un procedimiento que implica la eliminación imaginativa de las propiedades de un objeto para determinar su esencia fundamental, específicamente, las características indispensables para su identidad (eidos, término griego de Platón para la esencia de una cosa). Fundamentalmente para la investigación fenomenológica, la variación eidética se puede aplicar a los propios actos conscientes, aclarando así, por ejemplo, la organización estructural de la percepción o la memoria. Husserl reconoció explícitamente que las esencias reveladas mediante este método pueden presentar diversos grados de imprecisión y que tales análisis están sujetos a revisión. Sin embargo, sostuvo que estas limitaciones no disminuyen el valor inherente del método. La
- corroboración intersubjetiva implica la difusión de los resultados de la investigación dentro de la comunidad académica en general. Esta práctica facilita el análisis comparativo, que ayuda a distinguir las idiosincrasias individuales de elementos potencialmente fundamentales para la estructura general de la experiencia.
Maurice Natanson, un fenomenólogo, afirmó que "La radicalidad del método fenomenológico es a la vez continua y discontinua con el esfuerzo general de la filosofía por someter la experiencia a un escrutinio crítico y fundamental: no dar nada por sentado y mostrar la garantía de lo que afirmamos saber". Husserl postuló que suspender la creencia en suposiciones o inferencias conjeturales comúnmente aceptadas reduce la autoridad percibida de lo que convencionalmente se considera realidad objetiva. El filósofo Rüdiger Safranski articuló su ambición: "La gran ambición [de Husserl y sus seguidores] era ignorar todo lo que hasta entonces se había pensado o dicho sobre la conciencia o el mundo [mientras] buscaban una nueva manera de dejar que las cosas [que investigaban] se acercaran a ellos, sin cubrirlas con lo que ya sabían".
Historial
Edmund Husserl estableció la "agenda fenomenológica" fundacional, influyendo incluso en figuras prominentes que no siguieron estrictamente sus doctrinas, incluidos Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre y Maurice Merleau-Ponty. Cada uno de estos pensadores desarrolló "diferentes concepciones de la fenomenología, diferentes métodos y diferentes resultados".
Concepciones de Husserl
El marco fenomenológico de Husserl incorporó significativamente conceptos clave provenientes de las enseñanzas y escritos de sus mentores, los filósofos y psicólogos Franz Brentano y Carl Stumpf. Husserl adoptó de Brentano un concepto fundamental dentro de la fenomenología, la intencionalidad, frecuentemente caracterizada como "acerca de" o "dirección". Este concepto postula que la conciencia posee inherentemente una cualidad relacional, siendo siempre conciencia de algo. La entidad hacia la que se dirige la conciencia se denomina objeto intencional, que se manifiesta a la conciencia a través de diversas modalidades como la percepción, la memoria y la significación. A pesar de las variadas estructuras y modos de "alrededor" inherentes a estos distintos actos intencionales, el objeto mantiene consistentemente su identidad. Así, la conciencia se relaciona con el objeto intencional idéntico a través de la percepción inmediata, la retención posterior y el recuerdo final.
Husserl concibió la fenomenología como una metodología filosófica que diverge de la predisposición racionalista prevalente en la filosofía occidental desde Platón. En cambio, aboga por una práctica de introspección reflexiva diseñada para revelar la "experiencia vivida" de un individuo. Este método, basado en la técnica epistemológica conocida como epoché, implica suspender juicios preconcebidos para facilitar una aprehensión inmediata e intuitiva del conocimiento, libre de presuposiciones o intelectualización excesiva. A menudo caracterizado como la "ciencia de la experiencia", el enfoque fenomenológico, fundamentalmente basado en la intencionalidad, ofrece una alternativa distinta a la teoría representacional de la conciencia. Esta última teoría postula que el acceso directo a la realidad es inalcanzable, ya que la realidad está mediada únicamente por representaciones mentales derivadas de percepciones. El propio Husserl articuló esta perspectiva:
la experiencia no es una apertura a través de la cual un mundo, existente antes de toda experiencia, brilla en una habitación de la conciencia; no es simplemente tomar algo ajeno a la conciencia en conciencia... La experiencia es la actuación en la que para mí, el experimentador, el ser experimentado "está allí", y está ahí como lo que es, con todo el contenido y el modo de ser que la experiencia misma, mediante la actuación que se desarrolla en su intencionalidad, le atribuye.
En consecuencia, Husserl sostiene que la conciencia no reside "dentro" de la mente; más bien, está fundamentalmente dirigido hacia algo externo a sí mismo (el objeto intencional), ya sea ese objeto una entidad física concreta o una mera construcción de la imaginación.
Investigaciones lógicas (1900/1901)
En la edición inicial de su obra fundamental, Investigaciones lógicas, Husserl caracterizó su postura filosófica como "psicología descriptiva", una designación influenciada por Brentano. Examinó meticulosamente las estructuras intencionales inherentes a los actos mentales y su orientación hacia objetos tanto reales como conceptuales. El volumen inaugural de las Investigaciones lógicas, titulado Prolegómenos a la lógica pura, comienza con una evaluación crítica del psicologismo: el esfuerzo por subordinar la validez a priori de los principios lógicos a los marcos psicológicos. A través de esto, Husserl delineó un dominio distinto para la investigación en lógica, filosofía y fenomenología, separado de las ciencias empíricas.
El concepto de "autoconciencia prerreflexiva", acuñado por Shaun Gallagher y Dan Zahavi, articula la proposición de Husserl (1900/1901) de que la autoconciencia implica inherentemente una autoaparición espontánea o automanifestación que precede a la autorreflexión deliberada. Esta noción representa un punto de consenso casi universal entre los fenomenólogos, quienes afirman que "una forma mínima de autoconciencia constituye una característica estructural constante de la experiencia consciente. La experiencia se desarrolla para el sujeto que la experimenta de manera inmediata y, como aspecto intrínseco de esta inmediatez, se designa implícitamente como mi experiencia".
Ideas (1913)
En 1913, Husserl publicó Ideas: Introducción general a la fenomenología pura. En esta publicación, articuló la fenomenología como una manifestación del "idealismo trascendental". Si bien Husserl afirmó que se había adherido consistentemente al idealismo trascendental, esta interpretación divergía de la forma en que muchos de sus defensores habían entendido las Investigaciones Lógicas, lo que llevó a cierto grado de distanciamiento entre algunos seguidores.
Este marco filosófico estableció una clara diferenciación entre el acto consciente, denominado noesis, y los fenómenos hacia los que se dirige esta conciencia, conocidos como noemata. El término noético denota específicamente las operaciones intencionales de la conciencia, que abarcan actividades como creer o querer. Por el contrario, noemática pertenece al objeto o contenido, denominado (noema), que se manifiesta dentro de estos actos noéticos, como lo creído, deseado o percibido.
La observación, dentro de este contexto, no aprehende un objeto en su ser inherente, sino que lo percibe tal como se presenta a través de actos intencionales. La adquisición de conocimientos esenciales requiere "poner entre paréntesis" todas las presuposiciones relativas a la existencia de un mundo externo, junto con las dimensiones contingentes y subjetivas de la presentación concreta de un objeto. Este proceso, conocido como reducción fenomenológica, constituye la segunda fase de la metodología epoché de Husserl. Posteriormente, la determinación de las características esenciales se logra mediante el ejercicio imaginativo de la variación eidética, una técnica diseñada para dilucidar los atributos indispensables de una entidad.
El enfoque principal de Husserl se dirigió hacia las estructuras ideales y fundamentales de la conciencia. Para excluir sistemáticamente cualquier hipótesis sobre la existencia de objetos externos, implementó el método de reducción fenomenológica. Este proceso finalmente reveló el ego trascendental puro, distinto del ego empírico concreto.
La fenomenología trascendental se define como la investigación sistemática de las estructuras esenciales que permanecen dentro de la conciencia pura, lo que prácticamente se traduce en un examen de los noemas y sus interrelaciones.
Fenomenología de Munich
Ciertos fenomenólogos expresaron reservas con respecto a las novedosas proposiciones teóricas articuladas en Ideas. Figuras prominentes dentro del grupo de Munich, incluidos Max Scheler y Roman Ingarden, divergieron notablemente de la evolución de la fenomenología trascendental de Husserl. Su alineación filosófica se mantuvo con el enfoque fenomenológico realista anterior presentado en la edición inicial de Investigaciones lógicas.
La concepción de Heidegger
Martin Heidegger reconfigura el marco fenomenológico de Husserl, principalmente debido a su percepción de las inclinaciones subjetivistas inherentes de Husserl. Mientras Husserl postulaba que los seres humanos estaban constituidos por estados de conciencia, Heidegger argumentaba que la conciencia ocupa un papel secundario en comparación con la primacía fundamental de la existencia misma, introduciendo el término técnico Dasein para denotar este modo irreductible de ser. Desde esta perspectiva, el estado mental de un individuo se considera un "efecto" de la existencia más que su determinante primario, abarcando incluso aspectos inconscientes del ser. Al reorientar el enfoque central hacia la existencia, un concepto que denominó ontología fundamental, Heidegger reformuló significativamente la trayectoria posterior de la fenomenología.
Heidegger sostuvo que una fenomenología de orientación ontológica tiene una mayor importancia fundamental que la investigación científica contemporánea. Afirmó que la ciencia representa simplemente un enfoque para comprender el mundo, sin acceso exclusivo a la verdad última. Además, la perspectiva científica misma se basa en una base más "primordial" de conocimiento práctico y cotidiano. Este énfasis en el papel fundamental del compromiso precognitivo y práctico de un individuo con el mundo, a menudo denominado "saber hacer", influyó posteriormente en pensadores como Sartre y Merleau-Ponty.
A diferencia de Husserl, para quien el ser surgió únicamente como un correlato de la conciencia dentro de la epoché, Heidegger postuló la aprehensión preconsciente del ser como el punto de partida fundamental. En consecuencia, sustituyó el concepto de intencionalidad de Husserl por la noción de comportamiento, que caracterizó como más primitiva que los actos conceptualmente estructurados que analizaba Husserl. Ejemplos ejemplares de comportamiento son evidentes en el trato irreflexivo con equipo que aparece como "listo para usar" dentro de lo que Heidegger describe como el modo típicamente circunspecto de compromiso mundano.
Husserl sostuvo que todas las determinaciones específicas del ego empírico requerían abstracción para lograr la conciencia pura. Por el contrario, Heidegger afirmó que "las posibilidades y los destinos de la filosofía están ligados a la existencia del hombre y, por tanto, a la temporalidad y la historicidad". Por lo tanto, toda experiencia debe entenderse como intrínsecamente moldeada por su contexto social, una perspectiva que, para Heidegger, integra la fenomenología con la hermenéutica filosófica.
Husserl criticó a Heidegger por plantear la cuestión ontológica pero posteriormente no abordarla, desviando la discusión hacia el Dasein. Según Husserl, este enfoque no constituía ni ontología ni fenomenología, sino más bien una forma abstracta de antropología.
Las primeras obras de Heidegger, como Ser y tiempo, abordan de manera demostrable las preocupaciones husserlianas; sin embargo, sus desarrollos filosóficos posteriores muestran un compromiso mínimo con las metodologías y problemas característicos de la fenomenología clásica.
La concepción de Merleau-Ponty
Maurice Merleau-Ponty formuló su enfoque fenomenológico único integrando ideas de los manuscritos inéditos de Husserl, el concepto de ser en el mundo de Heidegger, la teoría de la Gestalt y varias investigaciones psicológicas contemporáneas. En su publicación fundamental, La fenomenología de la percepción, Merleau-Ponty examina críticamente las perspectivas empiristas e intelectualistas, proponiendo una "tercera vía" alternativa que elude sus presuposiciones metafísicas inherentes con respecto a un mundo objetivo preexistente.
Los argumentos centrales de este trabajo afirman que el cuerpo sirve como el sitio principal de interacción con el mundo, y que estos modos corporales de compromiso preceden a lo que La fenomenología caracteriza posteriormente como actos de objetivación. Merleau-Ponty reconfigura nociones como la intencionalidad, la reducción fenomenológica y el método eidético para dilucidar nuestra conexión intrínseca con el mundo percibido, específicamente nuestra coexistencia encarnada con entidades a través de una interacción recíproca. Merleau-Ponty postula que la percepción revela un mundo imbuido de significado que, a pesar de nunca estar completamente determinado, lucha constantemente hacia la verdad.
Variedades
El discurso académico ha identificado siete clasificaciones distintas de fenomenología:
- Fenomenología constitutiva trascendental investiga el proceso mediante el cual se forman los objetos dentro de la conciencia trascendental, excluyendo deliberadamente consideraciones sobre su relación con el mundo natural.
- La fenomenología constitutiva naturalista examina cómo la conciencia construye entidades dentro del mundo natural, operando bajo el supuesto naturalista de que la conciencia misma es un componente integral de la naturaleza.
- La fenomenología historicista generativa explora el surgimiento del significado, tal como se manifiesta en la experiencia humana, a través de procesos históricos de experiencia colectiva a lo largo de períodos temporales. La
- fenomenología genética (alternativamente denominada "fenomenología de la génesis") analiza el desarrollo de significados asociados con fenómenos dentro del flujo continuo de la experiencia. La
- hermenéutica fenomenología investiga los marcos interpretativos inherentes a la experiencia. Los primeros escritos de Martin Heidegger introdujeron este enfoque particular.
- La fenomenología existencial se centra en la existencia humana concreta, abarcando la experiencia humana del libre albedrío y/o agencia dentro de circunstancias específicas.
- La fenomenología realista (ocasionalmente denominada "fenomenología de las esencias") examina la arquitectura de la conciencia y la intencionalidad tal como se manifiesta "en un mundo real que es en gran medida externo a la conciencia y que de alguna manera no es creado por la conciencia".
Husserl estableció la distinción entre "fenomenología constitutiva" (también conocida como "fenomenología estática/descriptiva") y "fenomenología genética".
La investigación académica contemporánea reconoce además las clasificaciones posteriores:
- Fenomenología hermenéutica trascendental heideggeriana temprana
- La fenomenología destructiva del Heidegger tardío (compárese con Destruktion)
- La fenomenología dialéctica de Herbert Marcuse
- La fenomenología encarnada de Maurice Merleau-Ponty
- La fenomenología material de Michel Henry
- J. La fenomenología lingüística de L. Austin
- La fenomenología analítica de Alva Noë
- La fenomenología posanalítica de Paul Crowther
- La fenomenología crítica de Lisa Guenther La postfenomenología de Cornelius Castoriadis y Don Ihde subraya la importancia del análisis social y conceptualiza la cultura como el conducto a través del cual se expresa la interacción humana con el mundo en general.
Conceptos
Intencionalidad
La intencionalidad denota el principio de que la conciencia es invariablemente conciencia de algo. Este término no debe confundirse con el uso coloquial de "intencional", sino entenderse a la luz de sus orígenes etimológicos. Históricamente, "intención" significaba "estirarse" (derivado del latín intendere, que significa "en tensión") y, dentro de este contexto filosófico, describe la conciencia que se extiende hacia su objeto. Sin embargo, se debe tener precaución con esta metáfora: la conciencia no preexiste y luego se extiende a su objeto; en cambio, la conciencia ocurre como la manifestación simultánea de un acto consciente y su objeto correspondiente.
La intencionalidad se caracteriza frecuentemente como "acercamiento". La naturaleza de la entidad a la que se dirige la conciencia, ya sea una percepción directa o una fantasía, no altera el concepto fundamental de intencionalidad; más bien, cualquier objetivo de la conciencia, eso constituye su objeto de conciencia. Por tanto, el objeto de la conciencia no es necesariamente una entidad tangible percibida a través de la experiencia sensorial; igualmente puede ser producto de la imaginación o del recuerdo. En consecuencia, estas "estructuras" fundamentales de la conciencia, que abarcan la percepción, la memoria y la fantasía, se denominan intencionalidades.
El concepto de "intencionalidad" surgió de la filosofía escolástica durante la época medieval, fue posteriormente revivido por Brentano y luego influyó significativamente en el marco fenomenológico de Husserl, donde lo refinó hasta convertirlo en un elemento fundamental de su teoría de la conciencia. Su significado es complejo y depende de la interpretación filosófica específica. Es crucial no confundir este término con "intención" en el lenguaje común o con las nociones psicoanalíticas de "motivo" o "ganancia" inconsciente.
Es importante destacar que "la intencionalidad no es una propiedad relacional, sino una característica inherente de los actos intencionales". Esta distinción surge de la ausencia de relaciones independientes. Para el fenomenólogo, inicialmente es irrelevante si el objeto intencional posee una existencia separada del acto mismo.
Intuición
En fenomenología, la intuición denota instancias en las que el objeto intencional es inmediatamente accesible a la intencionalidad operativa. Cuando una intención se "cumple" mediante la aprehensión directa de su objeto, ese objeto se considera intuido. Por ejemplo, percibir una taza de café directamente, ya sea mediante la vista, el tacto o incluso la imaginación, constituye una intención plena, haciendo que el objeto sea intuido. Este principio se extiende a la comprensión de fórmulas matemáticas o conceptos numéricos. Por el contrario, si el objeto no se presenta directamente, sigue siendo intencionado pero se experimenta vacío. Las intenciones significativas, que simplemente implican o aluden a sus objetos, ejemplifican intenciones vacías.
Evidencia
En el discurso común, "evidencia" denota una relación específica entre un estado de cosas y una proposición, como "el estado A proporciona evidencia para la proposición 'A es verdadera'". Sin embargo, dentro de la fenomenología, el concepto de evidencia se refiere a la "realización subjetiva de la verdad". Esta interpretación no pretende reducir la evidencia objetiva a una mera "opinión" subjetiva, sino que busca articular la estructura de la presencia de un objeto en la intuición, aumentada por su presentación como inteligible: "La evidencia constituye la presentación exitosa de un objeto inteligible, en el que su verdad se manifiesta a través del acto de evidenciarse a sí mismo".
En Ideas, Husserl articula el "Principio de Todos los Principios", afirmando que "toda intuición presentiva original sirve como una fuente legítima de cognición, lo que implica que todo lo que inicialmente (en su realidad 'personal', por así decirlo) se nos presenta en la 'intuición' debe ser aceptado precisamente tal como aparece, pero sólo dentro de los límites de su presentación". Husserl afirma que dentro de este dominio de dato fenomenológico, comienza la búsqueda de "evidencia incuestionable que en última instancia sustentará toda disciplina científica".
Noesis y noema
Franz Brentano diferenciaba entre conciencia sensorial y conciencia noética; el primero se refiere a la presentación de objetos sensoriales o intuiciones, mientras que el segundo implica la conceptualización de ideas.
En la fenomenología de Husserl, este par de términos, derivados del griego nous (mente), designan respectivamente el contenido real, noesis, y el contenido ideal, noema, de un acto intencional (un acto de conciencia). La noesis representa el componente del acto que le confiere un sentido o carácter particular, como juzgar, percibir, amar, odiar, aceptar o rechazar. Este aspecto se considera real porque constituye una parte real de la experiencia consciente del sujeto actuante. Una noesis está invariablemente correlacionada con un noema. Para Husserl, el noema completo es una estructura ideal intrincada, que abarca como mínimo un sentido noemático y un núcleo noemático. La interpretación precisa del concepto de noema de Husserl ha sido objeto de un debate duradero; sin embargo, el sentido noemático se entiende comúnmente como el significado ideal inherente al acto. Por ejemplo, si el individuo A ama al individuo B, el acto de amar es un elemento tangible de la actividad consciente de A (la noesis), pero su significado se origina en el concepto universal de amor, que posee un significado abstracto o ideal, de la misma manera que la palabra "loving" tiene un significado en inglés independiente de la interpretación específica de un individuo al usarla. El núcleo noemático funciona como referente u objeto del acto tal como se entiende en el acto. Un punto clave de controversia es si este objeto noemático corresponde al objeto real del acto (suponiendo su existencia) o constituye un objeto ideal distinto.
Empatía e intersubjetividad
Dentro de la fenomenología, la empatía se conceptualiza como la experiencia del propio cuerpo como de otro. Aunque los individuos comúnmente asocian a los demás con sus formas físicas, esta perspectiva fenomenológica requiere centrarse en la subjetividad del otro y la interacción intersubjetiva con él. La formulación inicial de Husserl describía este proceso como una forma de apercepción arraigada en las experiencias del propio cuerpo vivido. El cuerpo vivido significa el propio cuerpo tal como se experimenta subjetivamente, como uno mismo. Este cuerpo vivido se manifiesta principalmente a través de las capacidades de acción dentro del mundo. Permite acciones como extender la mano para agarrar un objeto, pero, lo que es más importante, facilita la capacidad de alterar la propia perspectiva. Esta capacidad ayuda a distinguir objetos al permitir el movimiento a su alrededor, revelando nuevas facetas (a menudo denominado hacer presente lo ausente y ausente el presente), al mismo tiempo que preserva el reconocimiento de la identidad del objeto a pesar de observar diferentes aspectos con momentos de diferencia. Además, el cuerpo se experimenta dualmente: como objeto (por ejemplo, la capacidad de tocarse la propia mano) y como propia subjetividad (por ejemplo, la sensación de ser tocado).
La experiencia subjetiva del propio cuerpo se extiende posteriormente a la percepción del cuerpo del otro, que, a través de la apercepción, se constituye como una subjetividad distinta. Este proceso permite el reconocimiento de las intenciones y estados emocionales del Otro. Edith Stein, alumna de Husserl, postuló en su investigación que los propios "atributos me declaran la naturaleza de mi individuo. Podemos designar esta percepción visual interna de uno mismo". De este concepto de "yo", derivó además las características de la persona espiritual, aplicables tanto a uno mismo como a los demás. Esta experiencia empática tiene una importancia significativa en la comprensión fenomenológica de la intersubjetividad. Dentro de la fenomenología, la intersubjetividad es fundamental para la constitución de la objetividad; es decir, lo que se percibe como objetivo se entiende como intersubjetivamente accesible a todos los demás sujetos. Este marco no reduce la objetividad a mera subjetividad ni respalda una postura relativista (por ejemplo, considere la verificabilidad intersubjetiva). A través de la experiencia de la intersubjetividad, un individuo también se percibe a sí mismo como un sujeto entre otros sujetos y como existiendo objetivamente para estos Otros. Esto significa que uno se experimenta a sí mismo como el noema del conocimiento de los demás, o como un sujeto dentro de la experiencia empática de otro. En consecuencia, uno se experimenta a sí mismo como una subjetividad objetivamente existente. La intersubjetividad también contribuye a la formación del mundo de vida de uno, particularmente como el "mundo natal".
Mundo de vida
El mundo de la vida (en alemán: Lebenswelt) denota el "mundo" fundamental en el que cada individuo vive. Puede conceptualizarse como el "trasfondo" u "horizonte" fundamental de toda experiencia, sirviendo como el contexto desde el cual cada objeto emerge distintamente y adquiere su significado específico para nosotros. Según Husserl, el mundo de la vida posee dimensiones tanto personales como intersubjetivas (en el último caso, denominada "mundo natal"), lo que mitiga el riesgo de solipsismo.
En su publicación de 2002, Derrida y Husserl: El problema básico de la fenomenología, el académico estadounidense Leonard Lawlor introdujo el concepto de "vidaismo" para delinear un dominio filosófico cohesivo que abarca las obras de Maurice Merleau-Ponty, Jacques Derrida, Gilles Deleuze, Martin Heidegger y Michel Foucault. Este campo investiga principalmente temas de vida y muerte, incorporando nociones como Erlebnis de Edmund Husserl y élan vital de Henri Bergson. Esta perspectiva es corroborada por Michael R. Kelly en su libro de 2016, Fenomenología y el problema del tiempo, donde identifica un "vidaismo" distintivo dentro de la fenomenología francesa desde la década de 1940 en adelante. Kelly cita ejemplos que incluyen La trascendencia del ego de Jean-Paul Sartre, que influyó en Deleuze; los conceptos de intencionalidad latente, carne y ser salvaje de Merleau-Ponty; la extensa obra de Michel Henry sobre la vida, comenzando con su Esencia de manifestación; y Being Given de Jean-Luc Marion.
Fenomenología y ciencia empírica
El análisis fenomenológico de los fenómenos difiere significativamente de las metodologías científicas tradicionales. Sin embargo, varios marcos teóricos integran la fenomenología con una orientación empírica o intentan sintetizarla con las ciencias naturales o las ciencias cognitivas.
Desde un punto de vista crítico clásico, Daniel Dennett afirma la completa ineficacia de la fenomenología, caracterizando fenómenos como qualia que son inadecuados para la investigación científica o fundamentalmente inexistentes. Liliana Albertazzi refuta tales argumentos destacando la aplicación exitosa de metodologías empíricas modernas para investigar fenómenos. La experiencia humana puede examinarse sistemáticamente mediante encuestas y técnicas avanzadas de escaneo cerebral. Por ejemplo, una extensa investigación sobre la percepción del color indica que las personas con visión normal del color perciben los colores con una similitud considerable, en lugar de hacerlo de manera totalmente idiosincrásica. Esto sugiere el potencial para universalizar empíricamente aspectos de la experiencia subjetiva.
A principios del siglo XXI, la fenomenología se ha involucrado cada vez más con la ciencia cognitiva y la filosofía de la mente. Ciertos enfoques de la naturalización de la fenomenología, que reducen la conciencia a un sustrato físico-neuronal, no son ampliamente aceptados como representativos de los principios fenomenológicos centrales. Estos incluyen marcos como la neurofenomenología, el constructivismo encarnado y la neurociencia cognitiva de la fenomenología. Otros enfoques igualmente polémicos buscan dilucidar la experiencia del mundo de la vida a través de lentes sociológicos o antropológicos, a pesar de que la fenomenología se considera predominantemente descriptiva más que explicativa.
Referencias
Referencias
Citas
Bibliografía
- Medios relacionados con la Fenomenología en Wikimedia Commons