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El comunitarismo es una filosofía que enfatiza la conexión entre el individuo y la comunidad. Su filosofía predominante se basa en la creencia de que...

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comunitarismo representa una perspectiva filosófica que destaca el vínculo intrínseco entre los individuos y sus comunidades. Esta filosofía general postula que la identidad social y la personalidad de un individuo están moldeadas principalmente por las relaciones comunitarias, mientras que el desarrollo individualista juega un papel menor.

Si bien una comunidad puede referirse a una unidad familiar, el comunitarismo, en su interpretación filosófica más amplia, típicamente denota una red de interacciones entre individuos que residen en un área geográfica específica o entre aquellos que comparten intereses comunes o una historia colectiva.

Dentro de la filosofía política, los comunitarios subrayan la importancia de la familia y diversas instituciones intermediarias de la sociedad civil, incluidas organizaciones religiosas, grupos caritativos y otras asociaciones voluntarias. Estos se conceptualizan como marcos sociales no coercitivos distintos tanto del colectivismo impuesto por el Estado como del individualismo radical. En el contexto europeo, los principios comunitarios frecuentemente se alinean con los movimientos democristianos, ejemplificados por partidos prominentes como la CDU alemana, la CDA holandesa y el ÖVP austríaco.

Terminología

Aunque los fundamentos filosóficos del comunitarismo surgieron en el siglo XX, el término específico "comunitario" fue introducido por primera vez en 1841 por John Goodwyn Barmby, una figura destacada del movimiento cartista británico. Barmby empleó el término para describir a socialistas utópicos y otros idealistas comprometidos en experimentos de vida comunitaria. Sin embargo, el término más amplio "comunitarismo" no logró un reconocimiento generalizado hasta la década de 1980, en gran parte debido a su asociación con los escritos de un grupo selecto de filósofos políticos. La designación "comunitario" resultó polémica, incluso dentro del propio movimiento, principalmente porque, en las sociedades occidentales, a menudo conlleva connotaciones de ideologías socialistas y colectivistas. En consecuencia, muchas figuras públicas y académicos que apoyan esta tradición intelectual tienden a evitar el término "comunitario" mientras promueven activamente sus principios fundamentales.

El término se emplea predominantemente en dos interpretaciones distintas:

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Los filósofos checos y eslovacos, incluidos Marek Hrubec, Lukáš Perný y Luboš Blaha, amplían el alcance del comunitarismo para abarcar iniciativas sociales vinculadas a los valores y la importancia de la comunidad o el colectivismo, así como diversas formas de comunismo y socialismo (por ejemplo, cristiano, científico o utópico). Estos incluyen:

Orígenes

A pesar de que el término "comunitario" surgió a mediados del siglo XIX, sus principios subyacentes se manifestaron mucho antes. Estos conceptos son evidentes en las doctrinas socialistas clásicas, como los primeros escritos de las comunas y los debates sobre la solidaridad de los trabajadores, e incluso antes en el Nuevo Testamento. Históricamente, los orígenes del comunitarismo se remontan a las primeras prácticas monásticas.

Varios sociólogos fundacionales incorporaron importantes perspectivas comunitarias en sus estudios. Ferdinand Tönnies, por ejemplo, contrastó la Gemeinschaft (caracterizada por comunidades opresivas pero enriquecedoras) con la Gesellschaft (que representa sociedades liberadoras pero impersonales). De manera similar, Émile Durkheim investigó la función integradora de los valores sociales y la intrincada relación entre los individuos y la sociedad. Ambos académicos advirtieron contra los peligros de la anomia (un estado de falta de normas) y la alienación que prevalecen en las sociedades modernas, que percibían como compuestas por individuos atomizados que, a pesar de alcanzar la libertad, habían perdido sus conexiones sociales. A partir de la década de 1960, los sociólogos contemporáneos observaron el surgimiento de una sociedad de masas y la correspondiente erosión de los lazos comunitarios y la reverencia por los valores y la autoridad tradicionales dentro de los Estados Unidos. Entre las figuras destacadas que abordaron estas preocupaciones se encuentran Robert Nisbet en *Twilight of Authority*, Robert N. Bellah en Habits of the Heart y Alan Ehrenhalt en *The Lost City: The Forgotten Virtues Of Community In America*. La publicación de Robert Putnam de 2000, *Bowling Alone*, documentó meticulosamente la disminución del "capital social" y subrayó el papel fundamental del "capital social puente", que fomenta conexiones entre demografías sociales dispares.

Durante el siglo XX, el comunitarismo también evolucionó hacia un marco filosófico distinto, especialmente a través de los esfuerzos de Dorothy Day y el movimiento del Trabajador Católico. Una de las primeras publicaciones en el Catholic Worker dilucidaba el dogma del Cuerpo Místico de Cristo como principio fundamental de la ideología comunitaria del movimiento. Además, el comunitarismo exhibe paralelos conceptuales con la filosofía personalista de Emmanuel Mounier.

En respuesta a las críticas sobre la percepción de ambigüedad o indefinibilidad del término "comunidad", Amitai Etzioni, una figura prominente del movimiento comunitario estadounidense, propuso una definición basada en dos características distintas. En primer lugar, identificó una red de relaciones cargadas de emociones entre individuos, que frecuentemente se cruzan y se refuerzan mutuamente, en contraste con las interacciones individuales aisladas o lineales. En segundo lugar, destacó un compromiso colectivo con valores, normas y significados compartidos, una historia común y una identidad colectiva, esencialmente, una cultura distinta. Además, el autor David E. Pearson sostuvo que para que un grupo merezca la designación de "comunidad", debe poseer la capacidad de ejercer influencia moral y obtener cierto grado de conformidad de sus electores. Afirmó que las comunidades son inherentemente coercitivas y morales, y emplean sanciones por incumplimiento al tiempo que ofrecen estabilidad y certeza a quienes se adhieren a sus principios.

La interpretación precisa de "comunidad" dentro del marco del comunitarismo demuestra una variabilidad considerable entre diferentes autores y épocas históricas. Históricamente, las comunidades se caracterizaban típicamente por su naturaleza localizada y de pequeña escala. Sin embargo, con la expansión de las influencias económicas y tecnológicas, las comunidades más grandes se volvieron imprescindibles para proporcionar una dirección normativa y política efectiva a estas fuerzas, lo que llevó al surgimiento de comunidades nacionales en la Europa del siglo XVII. Desde finales del siglo XX, ha habido un reconocimiento cada vez mayor de que incluso el alcance de estas comunidades nacionales es insuficiente, dado que numerosos desafíos globales contemporáneos, como la proliferación nuclear, la degradación ambiental y la inestabilidad económica, trascienden las fronteras nacionales. Esta comprensión ha estimulado la búsqueda de estructuras comunitarias más integrales, ejemplificadas por entidades como la Unión Europea. Sin embargo, la viabilidad última de desarrollar comunidades genuinamente supranacionales sigue siendo una cuestión abierta.

Las comunidades contemporáneas pueden manifestarse de diversas formas, pero a menudo poseen alcances e influencias circunscritas. Por ejemplo, los individuos frecuentemente pertenecen a múltiples comunidades (por ejemplo, grupos residenciales, profesionales, étnicos o religiosos). En consecuencia, los miembros de la comunidad moderna derivan afiliaciones de diversas fuentes y, si una afiliación se vuelve demasiado exigente, los individuos pueden desconectarse y buscar conexión dentro de otra comunidad. Por lo tanto, el comunitarismo surgió como una respuesta intelectual a los desafíos dentro de las sociedades occidentales, esforzándose por establecer equilibrios adaptables entre el individuo y la sociedad, la autonomía individual y los intereses comunitarios, y el bien común versus las libertades, derechos y deberes individuales.

Comunitarismo académico

Mientras que el liberalismo clásico de la Ilustración se desarrolló como una contrarrespuesta a siglos de autoritarismo, opresión gubernamental, comunidades intrusivas y dogmas inflexibles, el comunitarismo contemporáneo a menudo se percibe como una reacción contra el individualismo excesivo, caracterizado por un énfasis excesivo en los derechos individuales que puede fomentar el egocentrismo o el egocentrismo.

Los comunitarios académicos, incluidos Michael Sandel y Charles Taylor, exploraron teóricamente la intrincada relación entre los individuo y la comunidad. Sus críticas se dirigieron al liberalismo filosófico, en particular a las obras del teórico liberal estadounidense John Rawls y al filósofo alemán de la Ilustración Immanuel Kant. Estos académicos sostuvieron que el liberalismo moderno aborda de manera inadecuada las intrincadas interconexiones sociales inherentes a todos los individuos en la sociedad contemporánea. Afirmaron que los fundamentos del liberalismo se basan en una ontología insostenible, que presupone individuos genéricos y descuida el concepto fundamental de arraigo social. En cambio, postularon que los individuos genéricos no existen; más bien, las identidades se forman dentro de comunidades específicas y particularistas, como los alemanes o los rusos, los berlineses o los moscovitas. Dado que la identidad individual está parcialmente moldeada por las relaciones culturales y sociales, articular los derechos o intereses individuales aislados de los contextos sociales se vuelve conceptualmente incoherente. En consecuencia, estos comunitarios argumentaron en contra del establecimiento de una teoría de la justicia basada en principios derivados del velo de ignorancia de Rawls, afirmando que los individuos no pueden existir en un estado tan abstracto, ni siquiera hipotéticamente.

Además, los comunitarios académicos afirman que el liberalismo malinterpreta la naturaleza fundamental de la comunidad política. Mientras que los filósofos liberales caracterizan la entidad política como un marco regulatorio neutral que se adapta a diversos compromisos morales, los comunitarios académicos sostienen que esta concepción minimalista de la comunidad política es empíricamente inexacta y normativamente peligrosa. Estos académicos sostienen que las sociedades florecientes trascienden meras reglas y procedimientos neutrales, y se basan en una cultura moral sólida y compartida. Ciertos académicos comunitarios enfatizaron aún más la importancia de los valores particularistas, proponiendo que estos son los únicos valores relevantes y que postular valores morales verdaderamente universales constituye una falacia filosófica.

Más allá de Charles Taylor y Michael Sandel, otros pensadores destacados frecuentemente vinculados con el comunitarismo académico incluyen a Michael Walzer, Alasdair MacIntyre, Seyla Benhabib, Shlomo Avineri y Patrick J. Deneen.

Capital social

Desde finales del siglo XX en adelante, numerosos estudiosos identificaron un declive en las redes sociales dentro de los Estados Unidos. En su obra fundamental, Bowling Alone, Robert Putnam documentó una disminución generalizada del número de miembros en casi todas las formas de organizaciones cívicas. Ilustró esta tendencia señalando que a pesar de un aumento en la participación individual en los bolos desde la década de 1950, el número de ligas de bolos había disminuido.

Este fenómeno conduce a una reducción del "capital social", que Putnam define como "el valor colectivo de todas las 'redes sociales' y las inclinaciones que surgen de estas redes para hacer cosas unos por otros". Putnam y sus seguidores afirman que el capital social constituye un elemento crucial para el establecimiento y preservación de la gobernabilidad democrática.

Los comunitarios se esfuerzan por reforzar el capital social y las instituciones de la sociedad civil. La Plataforma Comunitaria Responsiva articuló este objetivo de la siguiente manera:

Muchos objetivos sociales requieren esfuerzos de colaboración entre entidades públicas y privadas. Si bien los organismos gubernamentales deberían abstenerse de suplantar a las comunidades locales, es posible que se les exija reforzarlas mediante estrategias de apoyo, como la participación en los ingresos y la asistencia técnica. Importantes iniciativas experimentales y de investigación son cruciales para aprovechar de manera innovadora las estructuras de la sociedad civil y fomentar la cooperación público-privada, particularmente en la prestación de servicios sociales, educativos y de salud.

Derechos positivos

Un concepto fundamental para ciertos defensores de la filosofía comunitaria es el de derechos positivos, que abarcan derechos o garantías sobre disposiciones específicas. Tales disposiciones pueden incluir educación financiada por el estado, vivienda subsidiada, un ambiente seguro y no contaminado, atención médica integral e incluso el derecho al empleo, lo que implica el correspondiente deber del gobierno o de los individuos de facilitarlo. En consecuencia, los comunitarios típicamente abogan por iniciativas de seguridad social, proyectos de infraestructura pública y legislación diseñada para mitigar problemas como la contaminación ambiental.

Una crítica frecuente postula que la provisión de derechos positivos por parte de los comunitarios infringe los derechos negativos de los ciudadanos—específicamente, el derecho a no que se les impongan acciones. Por ejemplo, los impuestos recaudados para financiar los programas antes mencionados pueden considerarse como una desposesión de las personas de sus propiedades. Los defensores de los derechos positivos contrarrestan esto afirmando que los individuos no poseen derechos fuera del contexto de la sociedad (un principio fundamental del comunitarismo) y, por lo tanto, tienen la obligación de contribuir a él, atribuyendo la salvaguardia de los derechos negativos a la sociedad y no únicamente al gobierno. Esta perspectiva ha sido interpretada por algunos como un repudio a los derechos naturales. Sin embargo, la definición de lo que constituye un "derecho natural" sigue siendo un tema de debate continuo en la política contemporánea, como lo ha sido históricamente; por ejemplo, si la atención médica universal, la propiedad privada o la protección contra los contaminantes ambientales deben considerarse derechos inherentes.

Alternativamente, algunos académicos reconocen que las acciones gubernamentales pueden infringir derechos negativos, pero sostienen que tales infracciones son justificables si los derechos positivos garantizados superan de manera demostrable los derechos negativos perdidos.

Además, otros pensadores comunitarios cuestionan el concepto fundamental de derechos naturales y su relevancia dentro de una comunidad que funciona de manera óptima. Afirman que, a la inversa, la proliferación de reclamaciones de derechos y derechos fomenta una sociedad incapaz de establecer instituciones culturales sólidas y normas sociales fundacionales derivadas de valores colectivos. En cambio, el énfasis liberal en los derechos individuales supuestamente cultiva una moralidad arraigada en el emotivismo individual, impidiendo así la resolución de dilemas éticos a través de concepciones compartidas del bien. La preocupación expresada es que este proceso no sólo individualiza a la sociedad sino que también fragmenta el discurso moral mismo.

El movimiento del comunitarismo receptivo

A principios de la década de 1990, impulsados por una percepción de erosión de la coherencia moral social atribuida al individualismo desenfrenado, Amitai Etzioni y William A. Galston iniciaron una serie de reuniones de colaboración. Estas reuniones tenían como objetivo desarrollar marcos comunitarios para abordar desafíos sociales críticos. Este esfuerzo efectivamente hizo que la filosofía comunitaria pasara de ser una disciplina académica especializada a la esfera pública, reconfigurando simultáneamente sus principios filosóficos centrales.

Para diferenciar su movimiento de los comunitarios autoritarios, Etzioni y Galston adoptaron la designación "comunitarios receptivos". Junto con un conjunto diverso de académicos, incluidos Mary Ann Glendon, Thomas A. Spragens, James Fishkin, Benjamin Barber, Hans Joas, Philip Selznick y Robert N. Bellah, fueron coautores y difundieron The Responsive Communitarian Platform. Este documento articuló sus principios políticos colectivos y sus conceptos posteriormente recibieron un amplio desarrollo en publicaciones tanto académicas como populares, adquiriendo así una considerable influencia política en las naciones occidentales. Posteriormente, Etzioni estableció la Red Comunitaria, dedicada a investigar y promover soluciones comunitarias a los problemas sociales, y comenzó la publicación de una revista trimestral titulada The Responsive Community.

El principio central del comunitarismo receptivo afirma que los individuos están sujetos a dos influencias normativas primarias: el bien común y la autonomía y los derechos, sin que ninguno sea inherentemente superior al otro. Esta perspectiva difiere de otras filosofías políticas y sociales que a menudo derivan sus supuestos fundamentales de un único principio dominante, como la libertad o la autonomía en el libertarismo. Además, propone que una sociedad óptima se basa en un equilibrio meticulosamente construido entre la libertad y el orden social, los derechos individuales y la responsabilidad personal, y los valores pluralistas y comunitarios establecidos.

El comunitarismo receptivo prioriza la importancia de la sociedad y sus instituciones sobre el Estado y el mercado, que frecuentemente constituyen el foco central de las filosofías políticas alternativas. Además, destaca la función crucial de la socialización, la cultura moral y los controles sociales informales, contrastándolos con la coerción estatal o las presiones impulsadas por el mercado. Este marco ofrece una alternativa al individualismo liberal y sirve como un contrapunto significativo al comunitarismo autoritario, subrayando que los derechos sólidos requieren responsabilidades proporcionales, y ninguno debe ser ignorado a expensas del otro.

Consistente con las perspectivas sociológicas establecidas, los comunitaristas postulan que el carácter moral individual es propenso a deteriorarse con el tiempo a menos que se refuerce consistente y comunitariamente. Sostienen que un papel primordial de la comunidad, que funciona como elemento fundamental de la infraestructura moral, implica fortalecer el carácter de sus miembros a través de la "voz moral" de la comunidad. Esta "voz moral" se conceptualiza como la sanción social informal ejercida por otros, integrada dentro de una red de relaciones informales y emocionalmente resonantes fomentadas por las comunidades.

Influencia

Los comunitarios receptivos han asumido un perfil público notable, posicionándose como creadores de un movimiento ambiental distinto centrado en fortalecer las estructuras sociales en lugar de únicamente preservar la naturaleza. Al igual que el ambientalismo, el comunitarismo resuena en diversas audiencias políticas, aunque su recepción varía entre los diferentes grupos.

A pesar de ser una escuela filosófica relativamente menor, el comunitarismo ha impactado significativamente el discurso público y las estrategias políticas. Existen paralelos notables entre el pensamiento comunitario y la Tercera Vía, la ideología política de los demócratas centristas en Estados Unidos y la Neue Mitte en Alemania. Los principios comunitarios fueron decisivos en la transformación del Partido Laborista socialista británico por parte de Tony Blair en el "Nuevo Laborismo" y desempeñaron un papel menor, aunque discernible, en las campañas electorales del presidente Bill Clinton. Otras figuras políticas han articulado temas comunitarios centrales, ejemplificados por la afirmación de larga data de Hillary Clinton de que la crianza de los hijos requiere no sólo de padres, familiares, amigos y vecinos, sino de toda una "aldea".

Además, se ha propuesto que el conservadurismo compasivo defendido por el presidente Bush durante su campaña presidencial de 2000 representaba una manifestación del pensamiento comunitario conservador, a pesar de su integración limitada en su agenda política posterior. Las políticas asociadas abarcaron respaldo financiero y retórico para la educación, iniciativas de voluntariado y programas comunitarios, junto con un enfoque social en la crianza de familias, la educación del carácter, los valores tradicionales y los esfuerzos basados ​​en la fe.

El presidente Barack Obama articuló conceptos y aspiraciones comunitarias en su publicación La audacia de la esperanza. Durante su campaña para las elecciones presidenciales de 2008, instó constantemente a los estadounidenses a "fundamentar nuestra política en la noción de un bien común", a abrazar una "era de responsabilidad" y a trascender las políticas de identidad en favor de fomentar la unidad de toda la comunidad. Sin embargo, para un segmento considerable de la población occidental, el término "comunitario" evoca connotaciones autoritarias y colectivistas. En consecuencia, numerosas figuras públicas (e incluso varios académicos reconocidos como defensores de esta escuela de pensamiento) optan por evitar la terminología específica mientras respaldan y promueven activamente sus principios subyacentes.

Dado el panorama político liberal y conservador predominante en los Estados Unidos, la defensa abierta del comunitarismo está ausente entre los partidos principales y la mayoría de los funcionarios electos. En consecuencia, sigue siendo difícil lograr un consenso sobre políticas específicas, aunque se han implementado ciertas medidas ampliamente apoyadas por los comunitarios. Sin embargo, existe una facción comunitaria menor dentro del Partido Demócrata, que incluye en particular a figuras como Bob Casey Jr., Joe Donnelly y Claire McCaskill. Un número significativo de estos demócratas comunitarios están afiliados a la Coalición Perro Azul. Los sólidos fundamentos ideológicos libertarios de derecha de los Estados Unidos pueden haber inhibido potencialmente el surgimiento de facciones comunitarias sustanciales.

Dana Milbank, en un artículo para The Washington Post, observó que los comunitarios contemporáneos carecen de una identidad unificada y afirmó: "Todavía no existe un comunitario con tarjeta y, por lo tanto, no hay consenso sobre las políticas". Además, observó una divergencia en los enfoques: algunos, como John DiIulio y el ex asesor de Bush, Marvin Olasky, abogan por soluciones religiosas, mientras que otros, como Etzioni y Galston, favorecen metodologías seculares.

En agosto de 2011, Reason Magazine, una publicación libertaria de derecha, colaboró ​​con la organización Rupe para realizar una encuesta telefónica entre 1.200 estadounidenses. La encuesta Reason-Rupe reveló que "los estadounidenses no pueden ser fácilmente agrupados ni en el grupo 'liberal' ni en el 'conservador'". La encuesta indicó que el 28% de los encuestados tenía opiniones conservadoras, el 24% expresaba opiniones libertarias, el 20% se identificaba con perspectivas comunitarias y el 28% articulaba puntos de vista liberales. El margen de error de esta encuesta fue de ±3 puntos porcentuales.

Una encuesta comparable de Gallup realizada en 2011 incorporó opciones de respuestas centristas o moderadas. Esta encuesta informó que el 17% de los participantes expresó puntos de vista conservadores, el 22% tenía puntos de vista libertarios, el 20% se identificó como comunitario, el 17% adoptó posiciones centristas y el 24% articuló perspectivas liberales. Gallup caracterizó el comunitarismo usando la frase "cuanto más grande, mejor".

El partido Pakistan Tehreek-e-Insaf, establecido y dirigido por Imran Khan, es reconocido como el primer partido político a nivel mundial en adoptar oficialmente el comunitarismo como una de sus ideologías centrales.

Comparación con otras filosofías políticas

Las críticas iniciales a menudo equiparaban a los primeros comunitarios con los conservadores sociales. Sin embargo, numerosos comunitarios contemporáneos, particularmente aquellos que se identifican como comunitarios receptivos, reconocen y enfatizan explícitamente que su objetivo no es una reversión a las comunidades tradicionales, que se caracterizaban por estructuras de poder autoritarias, estratificación social rígida y prácticas discriminatorias dirigidas a minorías y mujeres. Los comunitarios receptivos se esfuerzan por construir comunidades fundadas en principios de participación abierta, diálogo y valores genuinamente compartidos. Linda McClain, crítica del pensamiento comunitario, reconoce esta característica de los comunitarios receptivos, señalando que algunos comunitarios "reconocen la necesidad de una evaluación cuidadosa de lo bueno y lo malo de [cualquier tradición específica] y la posibilidad de separar ciertas características... de otras". Además, R. Bruce Douglass afirma: "A diferencia de los conservadores, los comunitarios son conscientes de que los días en que los problemas que enfrentamos como sociedad podían resolverse sobre la base de las creencias de un segmento privilegiado de la población hace tiempo que quedaron atrás". valores, en lugar de imponer una agenda expansiva o holísticamente normativa dictada por el Estado. Por ejemplo, la sociedad estadounidense generalmente favorece la religiosidad sobre el ateísmo, pero mantiene una relativa neutralidad con respecto a la afiliación religiosa específica de un individuo. El estado no impone códigos de vestimenta, no prescribe un número "correcto" de niños ni dicta ubicaciones residenciales. En esencia, una característica fundamental de la sociedad comunitaria ideal es su capacidad para forjar concepciones compartidas del bien, en contraste con un Estado liberal, pero el alcance de este bien es considerablemente más limitado que el que promueven los regímenes autoritarios.

Crítica

Los teóricos liberales, incluido Simon Caney, sostienen que el comunitarismo filosófico no ofrece críticas sustanciales al liberalismo. Estos teóricos refutan las acusaciones comunitarias de que el liberalismo ignora la importancia de la comunidad y propugna una concepción "atomizada" o asocial del yo.

Peter Sutch identifica las principales críticas al comunitarismo de la siguiente manera:

  1. Sostiene que el comunitarismo resulta inherentemente en relativismo moral.
  2. Situa que este relativismo refuerza inevitablemente el orden político internacional existente.
  3. Sostiene que esta postura se basa en un argumento ontológico desacreditado que afirma la primacía fundamental de la comunidad o el Estado.

Otros críticos destacan la fuerte conexión entre el comunitarismo y el neoliberalismo, particularmente en lo que respecta a las nuevas políticas que desmantelan las instituciones del Estado de bienestar mediante la expansión del tercer sector.

Oponentes

Partidos Políticos Comunitarios

Filósofos comunitarios

Primeros teóricos y escritores

Teóricos contemporáneos

Notas

Notas

Etzioni, Amitai. 1996. La nueva regla de oro. Libros básicos. ISBN 0465049990.

Bell, Daniel. "Comunitarismo". En Zalta, Edward N. (ed.). Enciclopedia de Filosofía de Stanford. ISSN 1095-5054. OCLC 429049174.

Çavkanî: Arşîva TORÎma Akademî

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